29/11/15

La aproximación de Sonia

Jimmy me acababa de preguntar si aún recordaba a Sonia, justo cuando la estaba viendo acodada en la barra, tomando una cola en vaso largo, o un brebaje oscuro que parecía una cola con algo de alcohol quizá, aunque a Sonia no le gustaban los cubalibres, ni los aguardientes de ninguna clase. Pero era ella, el mismo pelo rubio oscuro apenas cubriendo la nuca, la misma espalda de hombros redondeados, la misma estatura y complexión. Entonces se giró para  hablar con el melenudo que se sentaba a su derecha,  descubrió el perfil de su nariz  y se rompió el encanto. No era Sonia, aunque por un instante... se lo comenté a Jimmy, que consumía su tercera cerveza allí a mi lado, en la mesa.  Jimmy  hizo una mueca.
—¿Cuánto hace que la viste por última vez? – Me preguntó.

11/11/15

Esplendor y caída de El Torito

Pues sí, mi cuate, ese güey del retrato, el del pinche bigotito y el calzón de box,  es El Torito, el más charro y más pendejo de todos los mexicanos que cruzaron guantes en los rings de los United States. O, mejor dicho, ese era El Torito, que ahorita ya no, ahorita vuelve a llamarse Ramón, el nombre que le puso su mamacita, y no es más que un güero como tantos, y más desgraciado que muchos... Pero no adelantemos acontecimientos, mano, que las casas se comienzan por los cimientos y las historias por el principio. Yo te cuento su historia, mi buen, tú ya verás.

7/11/15

El génesis del apocalipsis

En el origen Dios, el omnipotente, el cruel, el iracundo, se aburría solo en la inmensidad de la nada.
Entonces, para tener alguien sobre quien mandar, alguien que le obedeciera servilmente  y le alabara sumisamente,  Dios creó a los ángeles. Y durante incontables eones  se divirtió a su costa. Pero los ángeles acabaron por ser tan previsibles en su incondicional sumisión que Dios empezó a aburrirse de nuevo.

30/10/15

El señor Kafka está reunido

Cuando Gregorio Samsa se despertó por la mañana no le pareció que hubiera pasado nada especial: el persistente zumbido del despertador eléctrico le sacó de su sueño de forma tan irritante como de costumbre, y mientras se duchaba con un agua que tardaba en calentarse tanto como era habitual la voz en la radio desgranó con la habitual desgana la habitual cantinela de noticias punteadas por el familiar dingdong de la cortinilla sonora. Pero al salir a la calle con la somnolencia aún pegada a los párpados y el nudo de la corbata a medio hacer se topó de bruces con lo insólito, bajo la forma de un monstruoso insecto.

20/7/15

Milena en la playa

No me interesa la política—sentencia Milena mientras se unta crema solar, tumbada sobre la arena dorada de una playa de Cadaqués. Y rubrica la sentencia con un encantador mohín de disgusto. Es su reacción ante los comentarios en voz alta que se me escapan al leer el periódico. Comentarios, en los que, de pronto me doy cuenta, me he dejado llevar por la indignación. Pero es que esos cabrones tecnócratas de la Unión Europea. Pero es que esos cabrones del gobierno de la Generalitat. Pero es que esos cabrones del gobierno español. Pero es que la nueva Ley de Seguridad Ciudadana, la nueva Ley Forestal, la nueva Ley Laboral…Me siento asfixiado, me siento pisoteado, con unas ganas indecibles de gritar.

4/2/15

El náufrago

Se fue a vivir a la urbanización San Clemente poco después de casarse porque ella había insistido tanto: que si la calidad de vida (¿calidad debida?), que si los hijos (aún no tenían hijos), que si respirar aire puro, que si huir del agobio de la gran urbe... Él torció el gesto al pensar en el agobio que le supondría tener que cambiar diez minutos de metro ida y vuelta por una hora larga en tren de cercanías, llegar a casa de noche y sin apenas tiempo para comprar unos tranchettes de emergencia para cenar, los conciertos, los cines y los restaurantes de pronto tan lejos, aunque con lo que iban a pagar de hipoteca y de impuesto sobre la propiedad para qué cines y restaurantes y conciertos. Pero en el fondo lo que de verdad le jodía era dejar atrás su vida de joven (aunque últimamente ya no tan joven) bohemio urbanita: las pocas responsabilidades de un pisito de alquiler en el casco antiguo, las coctelerías con música en vivo cada fin de semana, esa sensación de estar justo donde el mundo se mueve y gira, de estar donde siempre pasan cosas que sólo se experimenta cuando vives en una gran ciudad, en una gran metrópoli. Era dejar de hacerse la ilusión de que, sólo porque uno de tus vecinos es un chileno que hace esculturas soldando cañerías de poliuretano  y otro es un marroquí que toca la batería en un grupo de reggaee, uno no se ha aburguesado a pesar de la corbata de lunes a viernes, la plaza de parking en propiedad y las páginas color salmón del periódico religiosamente leídas todos los domingos por la mañana. Pero quizá ella tenga razón, tú no eres Peter Pan y un día u otro te tocaba crecer y buscar un buen sitio donde criar a los hijos (que aún no tenían), porque ni el chileno escultor ni el magrebí rastafari pueden ser una buena influencia para su educación (o eso decía ella), y de todas formas sería bueno tener unos palmos cuadrados edificados de tu exclusiva propiedad, un sitio donde caerse muerto como decía la abuela (la que acabó cayendo muerta en una residencia de ancianos propiedad del municipio), y al fin y al cabo algo hay que sacrificar a ese hermético pero al parecer benéfico dios llamado Calidad de Vida del que todos a su alrededor (los compañeros del trabajo, los cuñados, ella) parecían haberse vuelto tan devotos.

3/2/15

Fénix

fenix“Entra en el fuego sin miedo, porque renacerás de tus cenizas”, le habían dicho los dioses. Se esforzaba en recordar aquella promesa mientras las llamas abrasaban su carne, el calor resecaba sus mucosas y el humo inundaba sus pulmones. Se esforzaba en recordarla mientras el fuego le sumergía en una polifonía de dolores agónicos, lacerantes. “Pero renaceré de mis cenizas” gritó, superponiéndose por última vez al dolor, antes de que su lengua, ya reseca, se ennegreciera y carbonizara dentro de su boca.